lunes, 16 de febrero de 2009

Houseísmo de hoy



"If your life's no more important than anyone else's, sign your donor card and kill yourself"
(Dr. Gregory House)


Belleza femenina del día: JESSICA ALBA


La morena más atractiva y candente del estrellato hollywoodense. Racialmente inidentificable, Jessica despliega una sexualidad apabullante en todo lo que hace, exudando exuberante feminidad y generando erecciones instantáneas por donde pasa. Este precioso animal reúne las características más sensuales de algunas de las principales etnías del Globo, destacando la curvilínea pasión de las europeas meridionales, la fogosidad peligrosa de las negras africanas y la exótica impudicia de las aborígenes americanas. Su salvajismo elegante es, por supuesto, paradojal, pero en ningún caso contraproducente: su perfección física la asimila a las primeras diosas de la fertilidad; su busto, labios y caderas recuerdan al Génesis, pero su simetría evoca más bien la bellez áurea de las esculturas clásicas. Tremenda. Excesiva. Sin más palabras, aquí os la presento.
Esta delicia de hembra puede ser admirada en la serie "Dark Angel", en "Fantastic 4" y en varios otros bochornos cinematográficos cuyo único mérito estriba en mostrarla a ella. Con todo, merece especial mención su papel en "Sin City", excelente película basada en el cómic de Frank Miller y dirigida por Robert Rodríguez. En dicho filme, Jessica realiza un baile exótico en el que, ayudada por una soga, despliega irrefrenable y puro erotismo.

jueves, 12 de febrero de 2009

Belleza femenina del día: SCARLETT JOHANSSON


A veces, las buenas cosas vienen en envoltorios pequeños, como, por ejemplo, los bombones. ¡Que mejor analogía para describir a Scarlett Johansson, que compararla con una adictiva golosina! Tan solo presenciar la densa sexualidad de sus labios, sus generosos escotes, y su brillante cabello dorado, brinda lúbrico placer a todo espectador masculino. Esta muchacha de la Nueva York posee un ilimitado potencial de lujuria y parece como si hubiese sido creada especialmente para el placer.

Podemos admirar su erótica belleza en películas como “Match Point”, “Lost in translation” y “Girl with a peral hearring”, dónde ésta dulzura de mujer supera por mucho a la modelo original del egregio Johannes Vermeer. Scarlett Johansson es, sin duda, una obsesión permanente.

Lección científica de hoy: LOS EFECTOS EN LOS QUE SE CONCEDE EL RECURSO DE APELACION

El recurso de apelación (apellatio) constituye la segunda instancia del procedimiento. Podemos definirlo como el acto jurídico procesal de la parte agraviada o que ha sufrido un gravamen irreparable con la dictación de una resolución judicial, por medio del cual solicita al tribunal que la dictó (v.gr. Juzgado de Letras) que eleve el conocimiento del asunto a su superior jerárquico (v.gr. Corte de Apelaciones), a fin de que este la enmiende conforme a derecho. Este recurso procesal puede concederse en distintos efectos, dependiendo de la naturaleza jurídica de la resolución impugnada. Se trata de dos efectos diferentes:
(1) El efecto devolutivo es aquel en cuya virtud se otorga competencia al tribunal de segunda instancia para conocer el recurso de apelación. Este efecto es, por supuesto, de la esencia de toda apelación.
(2) El efecto suspensivo es aquel que inhibe al tribunal de primera instancia de seguir conociendo el proceso en el cual se dictó la resolución impugnada. Este efecto no necesariamente se produce en todas las apelaciones.
Decimos que la apelación se concede en el solo efecto devolutivo o en ambos efectos.
Si se concede en el solo efecto devolutivo, el tribunal apelado continuará conociendo del asunto como si no se hubiere interpuesto recurso alguno, hasta la completa ejecución de la sentencia definitiva. Con todo, la eficacia de lo actuado estando pendiente la resolución del recurso se encuentra sujeta a condición resolutoria, en caso que la apelación sea acogida. En esa eventualidad, se privará retroactivamente de efectos a todo lo actuado con posterioridad a la concesión del recurso, volviéndose al estado anterior a esta.
En cambio, si la apelación se concede en ambos efectos, el tribunal apelado deberá elevar a su superior jerárquico los autos originales y se verá impedido de continuar conociendo el asunto hasta que el recurso sea resuelto. Conserva, eso sí, competencia para conocer de las gestiones que se hagan para declarar desierta o prescrita la apelación antes de la remisión del expediente.
Son apelables en ambos efectos: (1) la sentencia definitiva dictada en el juicio ordinario (2) la sentencia definitiva dictada en los juicios ejecutivos o sumarios cuando el apelante es el ejecutante o demandante, respectivamente.
Son apelables en el solo efecto devolutivo: (1) las sentencias interlocutorias, los autos y decretos (2) las resoluciones que ordenen el alzamiento de medidas precautorias (3) la resolución que se pronuncia en el cumplimiento incidental del fallo (4) las resoluciones dictadas en juicios ejecutivos o sumarios en contra del ejecutado o demandado (5) todas las demás resoluciones que la ley declare apelables en el solo efecto devolutivo.
Todo esto es de primera importancia para el cultivo metódico de la ciencia procesal en la galaxia y sus alrededores.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Belleza femenina del día: YUNJIN KIM


Esta perla de la Corea (capitalista) nos invita a degustar las sutilezas eróticas de los pueblos orientales (v.gr. el Catay y el Zipango) y enaltece al máximo las cualidades estéticas de una milenaria cultura llena de belleza y misterio. Yunjin Kim representa el ideal supremo de la mujer oriental: discreta y seductora, misteriosa y delicada, sumisa pero a la vez dedicada y ferviente amante de su amo y señor: el hombre. No se trata de cualidades que la mujer occidental esté en condiciones de valorar, ciertamente. La mujer de nuestros días se ha masculinizado excesivamente. Ha perdido parte importante de su sensualidad, llegando a transformarse en una especie de arpía bebedora de sangre que detesta a los hombres y los culpa por su ausencia de dotación fálica. Bajo estas circunstancias, no es extraño que haya cada vez más occidentales buscando sexo y compañía en las tierras del este de Asia.
Yunjin Kim puede ser vista semanalmente en la serie “Lost”, interpretando a Sun Kwon, mujer hermosa como el crisantemo.

Lección científica de hoy: LOS TRES NUDOS DEL DERECHO PROCESAL

Como disciplina científica, el derecho procesal presenta tres grandes nudos: la jurisdicción, el proceso y la cosa juzgada.
La jurisdicción (iurisdictio) es un poder-deber del estado consistente en la facultad (potestad jurídico-pública) de conocer, juzgar y ejecutar lo juzgado (estos son los tres momentos jurisdiccionales) en todos los asuntos jurídicamente relevantes que se promuevan en el orden temporal de la República (opuesto al orden espiritual, propio del derecho canónico).
El proceso, por su parte, es un medio para dirimir imparcialmente y por acto de juicio de autoridad (esto es, merced al ejercicio de la potestad jurisdiccional) conflictos de relevancia jurídica, por medio de una resolución (v.gr. sentencia definitiva) que puede eventualmente revestir fuerza de cosa juzgada.
A su vez, la cosa juzgada (res iudicata) es el efecto de inmutabilidad e inimpugnabilidad que revisten las sentencias judiciales ejecutoriadas dictadas en el proceso.
El acto de juicio por medio del cual se resuelve el conflicto de relevancia jurídica constituye el momento propia y específicamente jurisdiccional del proceso, el que sólo pasará a tener eficacia definitiva (virtualidad jurídica) por medio del efecto de cosa juzgada. Por lo tanto, sin jurisdicción no hay proceso y, sin el efecto de cosa juzgada, este carecerá de eficacia. Como su merced puede apreciar, la combinación de estas tres grandes (súper) instituciones (los nudos) le entrega a Ud la clave para comprender a cabalidad los principios esenciales de la ciencia jurídico-procesal, rama esta de la mayor importancia para el desarrollo espiritual de los hombres, mujeres y otras bestias benignas más o menos inteligentes de la galaxia.

Belleza femenina del día: EVA GREEN


“Es tan bella que es indecente”. Esas fueron las palabras con las que Bernardo Bertolucci describió a su actriz de “The Dreamers”, Eva Green. Y eso es ella: indecencia, ausencia de decoro, exceso; un indescriptible derroche de elegancia y obscenidad. Y qué mujer con más clase. Tanta que me escandalizo de solo verla. Provocativa, impúdicamente felina, horriblemente francesa, fatal. Venenosa, incluso. Y hermosa. Realmente hermosa. Hela aquí para su deleite y sufrimiento, que yo ya he sufrido bastante a costa suya.
Para quienes no la conozcan, es posible admirar su figura en películas como “The Dreamers”, “Casino Royale” y “The Kingdom of Heaven”. Gusten o no de esas películas, serán recompensados con un espectáculo superior de sexo y belleza: Eva desvirgada por un joven semental; Eva llena de sangre; Eva bailando desnuda en el pasillo de su apartamento. Eva, siempre Eva. Es tan bella que llega a ser indecente, y mucho muy malos los pensamientos que despierta.

Dúo lésbico del siglo: NAOMI WATTS y LAURA MARTINEZ

Naomi Watts y Laura Martínez estelarizan "Mulholland Dr.", conformando una de las parejas cinematográficas más deseables de hoy y de ayer. En efecto, ambas protagonizan una fragorosa escena de erotismo impúdico que conmovería hasta a las piedras. A continuación, un breve sumario de cada una de estas bellezas.
























NAOMI.

Pocas cosas me producen mayor contento que admirar la belleza de damas de clase y donaire. La señorita Watts ocupa, entre éstas, un lugar de privilegio. La suave simetría de su rostro logra un efecto de pura belleza aria, cual se tratara de una septentrional diva de la época dorada. Su mirada azul le brinda ese clásico efecto de “cosa antigua”, que tanto apetece a los hombres de juicio. Además, ésta bella dama posee talentos dramáticos sorprendentes, que bien la harían acreedora de un lugar entre las grandes actrices (cinematográficas) de nuestra época. Feliz sea Inglaterra, fértil tierra que la vio nacer. Por mi parte, me limito a ofrecerles fotografías, y a instarlos a ver sus mejores películas.



LAURA.

Nada más fácil que hablar de una mujer de tan generosas curvas y dulce sonrisa. Voluptuosa sexualidad femenina combinada con simetría y estilo. Con todo, no son muchas las palabras que se requieren para referirse a tan espléndida señora. Por otra parte, no es mucho lo que éstas pueden hacer frente a la elocuente voz de las imágenes.
Nacida en la Nueva Hispania, se trata de una actriz y modelo que ha incursionado en las cosas cinematográficas, destacando por su notable belleza física. Sus senos, labios, y caderas constituyen un verdadero tributo a la mujer meridional. Sus escenas más provocativas (impúdicamente provocativas, incluso) pueden ser presenciadas en la compleja, mas bellísima película “Mullholand Dr.”, del egregio director americano David Lynch. Me causa grande algazara presentárosla aquí, luciendo su majestuosa e ibérica figura.

AMBAS




martes, 10 de febrero de 2009

“DIALOGO ABSURDO ENTRE LA PANCHITA Y UNA CACATÚA”



(Los personajes están en una terraza. Panchita está jugando con un juego de tacitas. Ordena las tacitas de manera muy mona. La cacatúa está en una jaula dorada redondeada. Todo está dispuesto de forma estrictamente simétrica)

CACATÚA: ¿Quién eres?

(Ante la pregunta, Panchita deja el juego de tacitas y se levanta)

PANCHITA: Soy la Panchita y soy la más bella (Hace una reverencia)

CACATÚA: ¿Entre quienes?

PANCHITA: Entre todas

CACATÚA: ¿Quiénes son “todas”?

PANCHITA: Todas las bellas

CACATÚA: Y tú ¿Quién eres para decir eso?

PANCHITA: Soy la Panchita y soy la más bella

CACATÚA: Pruébalo

(Panchita extiende los brazos y se da una vuelta completa en trescientos sesenta grados, como si cada una de sus manos fuera la aguja de un reloj)

CACATÚA: Eso no prueba nada

(No dicen una palabra en 20 segundos)

CACATÚA: ¿Tienes alguna otra prueba?

(Panchita se encoge de hombros)

CACATÚA: Entonces, no eres la más bella

PANCHITA: Que no pueda probártelo no significa que no lo sea

CACATÚA: Pero tú tienes la carga de probar el hecho, y yo no puedo decidir conforme a meras suposiciones. Por lo que yo sé, tú no eres la más bella. Tenías que probarlo y no lo has probado. Lo que no está en el proceso no está en el mundo

(Espera un poco)

CACATÚA: Y por lo demás, he visto a varias más bellas que tú

PANCHITA: (Ofuscada) ¡Pruébalo!

CACATÚA: No tengo porqué. Eres tú la que alega ser la más bella

PANCHITA: (Sigue ofuscada) ¡No! ¡Prueba que has visto a varias más bellas que yo!

CACATÚA: Ya te dije: no tengo que probar nada. Recuerda mi posición y mi rango

(Espera un poco)

CACATÚA: Además, yo soy un doctísimo moralista y un eximio jurisconsulto, y tú eres sólo una niña tonta

PANCHITA: ¡Pero si tú eres una cacatúa!

CACATÚA: Una cosa no obsta a la otra. Por lo demás, estoy en esta jaula por mi propia voluntad. Nadie me retiene.

(Esperan un poco)

PANCHITA: ¿Dónde aprendiste de moral?

CACATÚA: Siempre supe

PANCHITA: ¡Eso no es posible!

CACATÚA: Sí lo es

PANCHITA: ¿Cuándo naciste?

CACATÚA: No lo recuerdo. Por lo que yo sé, he existido siempre

PANCHITA: Eso no es posible. En todas las cosas hay un comienzo y un final. Tú tienes que haber salido de un huevo alguna vez

CACATÚA: No veo por qué

PANCHITA: (Pensativa) Bueno, las cacatúas y los loros salen de huevos…

CACATÚA: No lo creo. En verdad, creo que estás llena de prejuicios infundados

PANCHITA: Bueno… ¿y de dónde saliste?

CACATÚA: Me es absolutamente indiferente. En todo caso, de moral yo siempre he sabido

PANCHITA: ¿Cómo puedes saber tanto de moral si no te cuestionas tu origen? ¿Acaso crees vivir en el limbo?

CACATÚA: Son dos asuntos enteramente independientes. Tengo que comportarme moralmente de todos modos, sea que haya salido de un huevo o del centro de la tierra. Cuál haya sido mi origen es un dato anecdótico carente de interés.

CACATÚA: La verdad, me parece que eres bastante ignorante

(Callan un rato)

PANCHITA: ¿No te molesta estar en una jaula?

CACATÚA: Ya te dije que nadie me obliga a estar aquí

PANCHITA: Sí, pero eso no implica que te agrade…

CACATÚA: ¡Por supuesto que sí!: me quedo en la medida que me agrade

PANCHITA: Pero… podría no gustarte estar en esa jaula, y aún así tener motivos para quedarte…

CACATÚA: (Turbado) ¿Quién te crees que eres para hacer ese tipo de especulaciones?

PANCHITA: Soy la Panchita y soy la más bella (Hace una reverencia)

(Empieza todo de nuevo mientras se cierra el telón)

"Stalker" (cuento)

Cinco veces la trató de abordar. No tenía éxito. Sus competidores directos –los machos alpha- se agrupaban en torno a ella como hienas. Su carne lozana y aromática exhalaba un cálido sudor. Olía a pubertad. Varias veces la trató de abordar, pero ahora tendría éxito. Ratzemberg preparó concienzudamente su embestida. La había craneado metódicamente durante largas veladas de chat y onanismo. Nadie podría interponerse entre su lanza y la rozagante vagina de su presa. Nadie. Pero… ¿por qué triunfaría Ratzemberg donde hasta los mejores habían fracasado? No tenía músculos, ni estatura, ni tampoco era bien parecido. De hecho, ni siquiera se bañaba. ¿Qué tenía entonces? ¿Encanto? Pues claro. Ratzemberg creía poseer un ilimitado encanto, capaz de someter a la más esquiva mozuela. Su apariencia de intelectual de izquierdas unida a su talento (también ilimitado) bastaba –y aún sobraba- para emprender con éxito cualquier conquista. Con todo ¿por qué aún no lograba acostarse con alguna chica? ¿Una mala racha, tal vez? Asumamos que las chicas de la universidad eran todavía inmaduras y superficiales y que, en el fondo, no le bastaban. Es más, si lo rechazaron, tanto mejor. Aquila non capit muscas[1], pensaba con regocijo.

Aquella tarde quedó de reunirse con ella. El pretexto era muy sencillo: Elías Ratzemberg, doctísimo estudiante de estadística y ciencias sociales requería de la cooperación de una muchacha de buen talante, a fin de concretar una importante investigación para el Centro de Estudios del Comportamiento Humano. Los detalles de la susodicha cooperación serían arreglados en el transcurso de la noche. En todo caso, Ratzemberg le había adelantado que se trataría de una edificante experiencia cinematográfica. Es increíble lo que el talento puede hacer en favor de la seducción, pensaba.

Una vez que llegaron al lugar del experimento, ella se sobresaltó. Era el célebre teatro Rommy, especializado en cine pornográfico. Estaban dando un ciclo especial de clásicos porno de los setentas, a precios populares, por supuesto. Pequeñas grandes joyas como “Las mucamitas viciosas”, “Juana la guarra” y “Noventa y nueve semanas y media” eran proyectadas hora tras hora, en un programa rotativo. – ¡Cómo me traes a ver esta cosa…!!- gritó ella, exaltada. A continuación, Ratzemberg ilustró a su compañera -dando gala de infinita paciencia y mayor talento- con un elenco de convincentes razones para ingresar a ver las películas. Le explicó que el propósito del experimento era determinar la frecuencia oscilatoria de las pupilas y el grado de dilatación involuntaria del iris, mediando la exposición del paciente a una sucesión ininterrumpida de imágenes de contenido erótico. El instrumento de medición a utilizar era un aparato de diagnóstico del astigmatismo (convenientemente sustraído de la consulta del doctor Ratzemberg senior la noche anterior). Tras la explicación, la muchacha accedió, más curiosa que convencida. La verdad es que toda esa parafernalia le recordaba demasiado a “Blade Runner”[2], clásico cyber-punk de los ochentas.

Ahora, tan sólo un obstáculo se erigía entre el cazador y su presa: la falta de dinero. - ¿Me puedes pagar la entrada? Sabes, se me olvidó traer mi billetera. Tú comprendes, los sujetos brillantes solemos ser distraídos-. La chica no asintió de inmediato. La verdad, todavía no sabía que pensar acerca de todo esto.

Una vez adentro, Ratzemberg y su compañera se sentaron en sendas butacas, justo en la mitad de la sala. Estaban proyectando “Orgías en el hospital”, exitosa secuela de “Jenny, la enfermera afrodita”. Ella pagaba las palomitas.

Mientras la muchacha se introducía en las dulces aguas del séptimo arte, Ratzemberg escribía una serie de palabras ininteligibles en una libreta, simulando anotar los pormenores del experimento. Transcurridos quince minutos, la tomó de la mano e intentó besarla. No tuvo éxito: ella lo había esquivado una vez más (era la sexta). En la pantalla, Jenny le realizaba una fragorosa felación a un paciente minusválido. El metraje llevaba treinta minutos.

El minusválido eyaculó en la boca de Jenny. Detrás de la pantalla, Ratzemberg fraguaba industriosamente un plan alternativo. La esquiva doncella habría de caer, eventualmente. Probablemente ni siquiera se había percatado de las intenciones de Ratzemberg, encontrándose todavía absorta en la contemplación de pollas y vaginas. Después de todo ¿qué chica sería capaz de resistírsele? El séptimo intento fue algo más evidente, y la reacción de la fémina un poco más brusca. Luego del intento de beso, un claro gesto de desagrado se dibujó en el hermoso rostro de la muchacha. Nuevamente había fracasado. ¿Era para preocuparse, en todo caso? ¡Por supuesto que no!: es un hecho inconcuso que las mujeres suelen renegar de las atenciones de quienes más desean, puesto que prefieren ser conquistadas por la fuerza. La tenía loca, eso era evidente.

Finalmente, Ratzemberg optó por sujetar a la muchacha por el mentón y besarla a la fuerza, intentando frustradamente introducirle la lengua en su boca. ¡Victoria!, clamó el talentoso. Desde luego, la desesperada resistencia de la chica fue interpretada como un síntoma inequívoco de la ardorosa pasión despertada por el beso de su nuevo amante. La muchacha comenzaba a sentirse como Betsy, el personaje de Cybill Shepherd en “Taxi Driver”. “Me han traído aquí para chingar”, pensó. Los créditos de la película inundaban la pantalla.

Ratzemberg, satisfecho con su osadía, planificaba su siguiente movimiento. Ya había pasado de tercera base. “Las mucamitas viciosas” estaban en su décimo minuto. Era tiempo de atacar.

Antes que Ratzemberg pudiera intentar movimiento alguno, se sucedió una serie de acontecimientos de suyo curiosos. En la fila de atrás, una mujer obesa y ordinaria y llena de lápiz labial observaba atentamente la película. Una espesa humareda la rodeaba por completo. Fumaba como carretonera. De pronto, un hombrecillo insignificante se le acercó. En medio de la humareda, empezaron a follar frenéticamente. Asqueada por el insoportable jadeo, la chica se retiró indignada. Ratzemberg fue tras ella: había jurado que no se le escaparía de nuevo. Era la tarde del jueves.

Al día siguiente, Ratzemberg la fue a esperar a su casa (sin avisarle, por supuesto). Fácil labor, en todo caso: el cazador había hecho su tarea con suma diligencia, averiguando todos los horarios y lugares relevantes. Incluso había trazado un itinerario pormenorizado en función de la cacería. A las cuatro y media, el talentoso Ratzemberg se encontraba sentado en la cama de su víctima, masturbándose con las prendas íntimas que había sustraído de la cómoda minutos antes. Había trepado por el muro de la propiedad, aprovechando que el cuarto de la chica tenía el ventanal abierto. Minutos después, la muchacha abrió la puerta de su pieza. “Es un psicópata. Es un psicópata y me va a violar”, pensó. Sin inmutarse, Ratzemberg la abordó con una conversación trivial. Le comentó acerca de unos ciclos de cine negro que estaban pasando en sepa Dios qué teatro. No la convenció. Acto seguido, la invitó a tomar café en un sitio muy ameno que conocía. Ella haría lo que fuera por sacarlo de la casa. Aceptó resignada.

Las paredes de la cafetería estaban pintadas de color negro. La música ambiental era genuinamente insoportable. Era un café beatnik, por cierto. Entraron y se sentaron. Ratzemberg le ofreció un porro de hachís “del bueno”, en su opinión. Mientras fumaban, él le empezó a hablar de arte conceptual. Diez minutos más tarde, la muchacha se había relajado por completo. Ratzemberg le susurró al oído un piropo sexual. Ella estalló en risas. Cinco minutos después, salieron del recinto. Ella pagó, por supuesto. De pronto era de noche y estaban el portón del “Cosmonauta”. Ratzemberg la trató de besar nuevamente. Fue el octavo fracaso. Debían ser los efectos del porro, seguramente.

Superada la algarabía del hachís, él le sugirió que se acostaran. No alcanzó a recibir respuesta cuando fueron súbitamente descubiertos por la policía. Sin decir una palabra, Ratzemberg huyó, raudo como el viento. Su compañera quedó sola y a merced del Estado. Fue detenida por encontrarse bajo el efecto de estupefacientes ilícitos en plena vía pública. Según la aplaudida Ley de Estados Antisociales, se trataba de una candidata perfecta para el programa de reeducación y readaptación social.

Una vez en el recinto de detención, el defensor público la sermoneó como un cura. Le aconsejó integrarse a uno de esos grupos juveniles que organizan las parroquias. Él mismo había conocido a su esposa en “Jóvenes por la eucaristía”. Incluso le recomendó un programa en particular, dirigido por un cura jesuita: había logrado reincorporar a la Iglesia a muchos jóvenes desorientados, decía. “Una hermosa jovencita con todo un camino que recorrer no puede estar arruinándose la vida así”, declamó, dando cuenta de una preocupación casi paternal. Hasta la instó a inscribirse en el registro electoral. Curiosamente, el juez instructor fue mucho menos severo: la declaración indagatoria fue corta y sin mucha pompa. Tenía más trabajo, sin duda. Todo indicaba que tendría que pasar dos meses en un taller de reeducación impartido dos veces a la semana en el centro comunitario. No era tan grave.

Ya afuera del recinto, la muchacha quedó completamente sola. No sabía la hora, ni el lugar, ni tampoco tenía muy claro lo que estaba pasando. Aparentemente era la mañana del sábado. Un par de policías la escoltaron hasta su casa.

El lunes, la fresca y lozana chiquilla asistió regularmente a sus clases de literatura. Era una novata, y por lo tanto no conocía a Ratzemberg, quien moraba por dicha facultad hace buen tiempo. Turbada por los extraños acontecimientos, la muchacha comentó sus recientes experiencias a Francisca, su amiga del alma. ¡Pero si hay un Elías Ratzemberg en la Facultad!- afirmó Francisca. Presa de un tremendo interés y mayor curiosidad, la chica pidió a su amiga una individualización completa del susodicho. ¡Vaya alcance de nombres!, pensó. La descripción proporcionada por su amiga fue precisa y acuciosa: estatura mediana, delgado, desaseado, barba incipiente e irregular, bigotes asimétricos, cara de roedor, voz de serpentín. La bella muchacha tuvo un buen tema en que pensar aquella tarde.

Al día siguiente, Francisca divisó la esbelta y augusta silueta de Elías Ratzemberg. Presurosa y diligente, fue en busca de su amiga. – ¡Ese es Elías Ratzemberg!- señaló- ¿Tendrá algo que ver con el que te llevó al cine porno?-. La muchacha se sintió humillada y llena de frustración. No pronunció palabra. Lo miró con odio y escapó entre el tumulto. Otro proyecto frustrado. Otra chica que no se pudo tirar. Ratzemberg reflexionó brevemente acerca de las causas de su inesperado fracaso. Tras unos segundos, arribó a una conclusión definitiva: era evidente que no estaba lo suficientemente madura para él. ¡Vaya churrazo que se había perdido, en todo caso! Era temporada de caza, y los cazadores estaban cargando sus escopetas.
[1] “las águilas no cazan moscas”
[2] Recuérdese el ingenioso mecanismo utilizado por Dick Deckard para detectar a los replicants, seres biomecánicos idénticos a los seres humanos en cada aspecto relevante, pero cuyo ingreso al planeta Tierra estaba prohibido.